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jueves, 30 de septiembre de 2010

Patchwork





Hola otra vez!!
Estoy que no paro, cada vez me gusta más esto del blog, aunque llevaba varios días sin actualizar, hoy lo escribo todo.


Hoy fui a la clase de patchwork. Es genial! He encontrado un sitio donde me siento a gusto plenamente, donde noto como me ilusiono con cada paso que doy, me gusta. Salgo de la clase con una sensación de felicidad muy agradable. No pienso en la enfermedad, sólo en hacer bien las cosas y aprender.


Ya he hecho seis estrellas y ahora voy a realizar los marcos y unos rombos centrales con la técnica appliqué. Os lo enseño en la foto. Lo que parece una flor en verdad es una galletita de Navidad (gingerbreadman), de Tilda.


Si a alguien le gusta tanto, tanto, tanto mi mantita que quiere hacerla, le envío los gráficos con mucho gusto. Bueno, todavía no la he terminado!! Cuando esté hecha, ya veréis!!


Qué cosa esto del patchwork!! 


Hasta luego!!

Paul







Hola!!
Ya estoy aquí otra vez. 
Quería escribiros sobre mi perrito, bueno, para que me conozcáis mejor; luego os enseño lo que he hecho de patchwork y alguna receta.
Y quiero dedicarle esta entrada a Marga (Marga´s happy patchwork). Ánimo.


Mi perrito se llama Paul, es un caniche enano (bueno, no tan enano) de color albaricoque. Ha cumplido 4 años y nació en La Rioja.
La vida es muy curiosa, porque a mi antes no me gustaban los perros, ni los animales en general. Adopté a Paul por mis hijos. Ellos me pedían insistentemente un perro.
No sé por qué accedí, supongo que por mala conciencia de madre divorciada.


Desde el primer día que llegó le quise. Me parecía tan chiquitín y tan necesitado de protección, que dejé a un lado mis fobias y escrúpulos.
Le pusimos de nombre Paul por Paul McCartney, porque nos encantan Los Beatles (bueno, ahora a los niños no tanto).










Cuatro años han pasado y Paul es uno más. A ver, es un perro, no una persona, pero nuestros sentimientos de cariño y agradecimiento son profundos.
Tener un perrito tiene sus cosas buenas y malas, como todo en la vida. Es verdad que te ata mucho a la hora de salir, que hay que tener muy en cuenta la higiene, su salud, pasearlo... pero a cambio te da cariño, compañía y, sobre todo, alegría. Y a mis hijos les enseña responsabilidad.


No sé dónde leí que, cuando quieres a un animal, una parte de tu alma se abre. Y es verdad, son sentimientos que antes no tenía y que ahora descubro todos los días.
Ahora que no puedo ir al colegio por mi mala salud y paso mucho tiempo en casa, le conozco más y le quiero más.
Bueno, son cosas de la vida, supongo que muchos me comprendéis, otros no tanto.
Desde este blog mi respeto y mi agradecimiento a todos los animales, concretamente a los perritos y más especialmente a Paul.


Hasta luego!